Las aguas toman su curso
Erase una vez dos jóvenes que jugaron a amar, ambos se juntaron por el miedo a la soledad y por la comodidad que les presentaba unirse. Andrés y Fernanda nunca creyeron que algún día alguno se enamoraría del otro, menos aún en diferentes tiempos y lugares.
Andrés y Fernanda fueron separados por un mar. Fernanda se encontraba en su isla guardando los sentimientos que sentía por su amado al cual nunca le confesó la verdad por miedo a no ser correspondida y por no querer mostrarse vulnerable y ser dañada, ella continuó viviendo en su isla recibiendo algo de cariño por las botellas con notas que Andrés le enviaba del continente.
Un día Andrés decidió cruzar el mar y llegar a la isla de Fernanda, remó en contra de la corriente y la encontró ahí esperando como siempre una de sus notas. Grande fue la sorpresa de Fernanda al ver que Andrés ya no sólo mandaba cartas, sino que había decidido remar hasta su lado para confesarle que la amaba. La ilusión se apoderó de los dos, idearon planes locos para que Fernanda saliera finalmente de su isla y se uniera para siempre a Andrés en el continente, pero ya era tarde Fernanda no quería abandonar su isla porque en ella sentía seguridad, en cambio al lado de Andrés sólo veía un bote pequeño que se destruiría cruzando el mar.
Desde hace mucho tiempo que las aguas se calmaron y cada cual de los amantes retomó su vida y su hogar, pero en ocasiones podemos ver a Fernanda en su isla mirar las orillas de la playa en busca de algún vestigio que la haga pensar que tal vez es querida desde algún remoto lugar.

